RICHARD
// Por Lola Copacabana*
Me niego a la indignidad de ciertas palabras, y no las nombro, y exagero. COSO. Leí el COSO que publicaste el sábado, se me rompió el coso ese para hacer las milanesas, un coso del auto que hace chán. Para los entes que amo, pero que aún así, como a todo, encuentro fácilmente reemplazables, RICHARD.
El muñeco que viene adentro de la Cajita Feliz se llama Richard. El profesor de camisa rosa y caballito, cinturón de cuero, mocasines, cuerpo de maniquí, también se llama Richard. El conejo sin nombre que está en el libro de cuentos. El cajero del supermercado. El psicólogo de mi mejor amigo. Un auto, el lavaplatos, el pibe que me van a presentar el viernes. El amor de mi vida, un amor
de mi vida. Richard.
Mater semper certa est, y lo único irreemplazable son los hijos. Inimpugnable-inevitable, ninguna otra cosa merece demasiado apego. Cuando la sombra del cariño empieza a vislumbrarse, con ingenuidad y amor, por ser dignos de amor, pero hasta ahí, los bautizamos entre risas.
Love’s eternal while it lasts, y Richard es un estado transitorio. Desvanécese en el aire, y mientras tanto.
La cosa y la obra.
Que es verdadermente la cosa en la medida en que es una cosa?
cuando preguntamos de esta manera pretendemos conocer el ser-cosa ( la coseidad) de la cosa. Se trata de captar el caracter de cosa de la cosa. A este fin tenemos que conocer el circulo al que pertenecen todos los entes a los que desde hace tiempo damos el nombre cosa (…)
M Heidegger , El origen de la obra de arte.